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LOS COLORES MAYAS Y EL AZUL MAYA.

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Los mayas pintaban sus templos de colores vivos, sobre todo de rojo, y cada color tenía un sentido: el rojo era el este, el negro el oeste, el blanco el norte, el amarillo el sur y el verde el centro. Su color más famoso es el azul maya, una mezcla de añil y una arcilla llamada paligorskita que ha resistido más de mil años de sol y lluvia.

Hoy vemos las ruinas mayas del color de la piedra, pero originalmente estaban recubiertas de colores vivos. Estos colores también reflejan su cosmovisión del universo estrechamente vinculada a la naturaleza.

El mundo de los colores mayas tenía una extensa paleta de tonalidades, entre los que abundaban los rojos y verdes con sus respectivas versiones oscuras y claras. Otro color básico era el amarillo, que también usaban para hacer combinaciones. Parece que nada más tenían un azul, pero obtenían varios efectos según el fondo sobre el cual lo aplicaban. Si algo define a los colores maya es su gran intensidad.

Dean Arnold, profesor de Antropología del Wheaton College y conservador del Museo Field de Chicago, ha descubierto las fuentes del mineral usado por los mayas para la elaboración del «azul maya», el intenso tono azul que iluminaba sus murales, ofrendas y cerámicas. En 2008 publicó cómo lo fabricaban, calentando añil y paligorskita, un tipo de arcilla, con copal en los rituales, y después localizó el origen de esa arcilla en minas del norte de la península de Yucatán.

Actualmente, la mayoría de las ruinas mayas se presentan ante nosotros con apariencia gris por la roca que las compone o la acción de la humedad sobre la roca misma sin reflejar su color original. Sin embargo, en su tiempo se cubrieron de colores vivos. El rojo fue el preferido para templos y pirámides, pero también utilizaron el verde, el amarillo y el blanco… e incluso el negro, que servía para delinear.

Los colores mayas eran de origen vegetal y mineral, se utilizaban en las pinturas y estucos con ciertos simbolismos cromáticos. Oficios, sexos, rangos, dioses y hombres tienen en la pintura maya su color particular. Los colores mayas son un reflejo de la intensidad de ese mundo perdido.

Rojo: Color de los vivos, de la sangre y la carne, como también del sol naciente. Representa al este.

Amarillo: Color de los muertos y de las serpientes vinculadas al submundo de los nueve infiernos. Asociado al sur.

Negro: Poniente, oscuridad y noche. Color de los malos augurios, de lo desconocido y de las desgracias.

Blanco: Color del norte, de la luz y de los líquidos que dan vida, como el semen y la leche materna.

Verde: Color del centro, del hombre como eje del mundo, de la Tierra como dadora de frutos vegetales.

Azul: El color reservado a los dioses y con el que se representaban también los trece cielos.

Estos colores también reflejan la cosmovisión maya del universo, estrechamente vinculada a la astronomía y la naturaleza.

El mejor lugar para verlos es Bonampak, en la selva de Chiapas: sus murales, pintados hacia el año 790, conservan todavía el rojo, el ocre y el azul maya. Se visita con la opcional de Bonampak y Yaxchilán (240 €) de nuestra extensión a Chiapas de México Colonial, y en la Gran Ruta y la Expedición Yucatán se ven restos de color en Chichén Itzá.

Delante de esos muros, a la luz de la selva, uno entiende que los mayas no veían sus ciudades grises: las veían ardiendo de color.

Fuente:tierrasmayas

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