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La medicina tradicional maya: ¿Un saber en extinción?

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El impacto que la globalización y la migración han tenido sobre el conocimiento médico tradicional del pueblo maya yucateco, lo ha colocado en una condición considerada como de franco riesgo. Frente a esta situación han surgido iniciativas para tratar de preservar estos saberes, sin embargo, los resultados han sido muy limitados. Con el objeto de indagar sobre las posibles causas de esta problemática se recopiló la información registrada durante más de una década (entre 2001 y 2013) de investigaciones etnográficas con médicos tradicionales mayas (h´menes, parteras, sobadores, hueseros, hierbateros) de los estados de Yucatán, Campeche y Quintana Roo. Como resultado del análisis de estos datos, en particular sobre las formas de generación y transmisión del conocimiento médico tradicional maya, se llegó a la conclusión de que la condición de riesgo de que dicho conocimiento se pierda es cuestionable, como lo son también las iniciativas para su transmisión y permanencia.

Palabras clave: Medicina maya; conocimiento tradicional; patrimonio biocultural; interculturalidad; educación intercultural

El conocimiento médico tradicional maya, el cual abarca los saberes y prácticas médicas practicadas por los terapeutas tradicionales mayas actuales, que incluye la herbolaria medicinal, la partería, las técnicas de masaje, el acomodamiento de huesos y los especialistas rituales, constituye uno de los pilares del patrimonio bio-cultural1 del pueblo maya peninsular. Si bien la medicina tradicional sigue siendo una opción, en algunos casos la primera si no es que la única, para que los pueblos mayas peninsulares puedan atender sus enfermedades .

los procesos de globalización y migración hacia los grandes centros urbanos (Mérida y Cancún, principalmente) han impactado la vida en las comunidades mayas peninsulares,que junto al progresivo deterioro ambiental de los últimos años han ido modificando las formas en que la población resuelve sus problemas en este ámbito. Aunado a ello, la escasez (provocada por la propia globalización y migración) de aprendices receptores de este conocimiento ha llevado a considerarla en situación de amenaza o inclusive en peligro de desaparecer

Como se podrá ver a lo largo de este trabajo, para su salvaguarda han surgido iniciativas (impulsadas tanto por académicos como por organismos internacionales e instituciones públicas, en colaboración con los propios médicos indígenas), así como programas y centros educativos en medicina tradicional y jardines de plantas medicinales en distintos ámbitos, tanto público como privado y de educación formal e informal. Igualmente se verá que, partiendo de los procesos socioculturales mediante los cuales se selecciona a los aprendices y se genera y transmite el conocimiento médico tradicional entre los mayas yucatecos, queda en entredicho tanto la condición de vulnerabilidad de este conocimiento, como las iniciativas con las que se pretende continuar su transmisión y permanencia.

En el presente trabajo se hace un análisis del fenómeno de la generación, transmisión y conservación del saber médico tradicional maya peninsular en el contexto de la vulnerabilidad social. Partiendo del concepto de vulnerabilidad como un fenómeno multicausal y multidimensional “que confluye en el riesgo o probabilidad del individuo, hogar o comunidad de ser herido, lesionado o dañado ante cambios o permanencia de situaciones externas y/o internas… en un tiempo y un espacio determinado”, nos trasladaremos al campo social, en donde la vulnerabilidad es considerada como “la incapacidad de una persona o de un hogar para aprovechar las oportunidades, disponibles en distintos ámbitos socio económicos, para mejorar su situación de bienestar o impedir su deterioro”. La vulnerabilidad como fenómeno social ha sido mayormente vinculada a situaciones de desastres, razón por la cual se consideran como sus formas de expresión a condiciones de indefensión, debilidad y desamparo que, combinadas con la falta de capacidad de respuestas y debilidades internas, pueden conducir a que el individuo, la familia o la comunidad “sufran un deterioro en el bienestar como consecuencia de estar expuesto a determinados tipos de riesgos”.

El patrimonio biocultural, específicamente el relacionado con los saberes medicinales, es un bien que se encuentra en condición de riesgo, pero a la vez un recurso que los individuos y la colectividad usan en sus distintos niveles para hacer frente a su propia condición de vulnerabilidad, en este caso para resolver sus problemas de salud. En este contexto, el patrimonio biocultural del pueblo maya peninsular , a lo largo de la historia ha constituido un elemento de trascendental importancia que le ha permitido su permanencia y unidad cultural frente a los efectos de la migración y globalización .En la concepción teórica de la vulnerabilidad como fenómeno social, estos saberes constituyen los activos físicos (plantas y otros recursos animales y minerales), humanos (personas y sus saberes) y sociales (redes interpersonales por las cuales se comparten los saberes), que conforman los recursos internos con los que cuenta el individuo y la colectividad para fortalecer su capacidad de respuesta frente a cambios o choques del exterior.

No es la intención de este trabajo presentar estadísticas sobre el número de médicos tradicionales mayas existentes en la península de Yucatán según los registros realizados hace 30, 20 o 10 años y de esta manera evidenciar el proceso de pérdida del conocimiento médico tradicional. Cuando el entonces Instituto Nacional Indigenista, en los años noventa del siglo pasado, creó las clínicas de medicina tradicional con el apoyo del Programa Nacional de Solidaridad, tal vez se tenían datos confiables sobre el número de médicos indígenas, al conformarse legalmente agrupaciones de los mismos, que a su vez eran convocados regularmente en reuniones y talleres con fines de intercambio de saberes o de capacitación. Conforme se fueron sucediendo los sexenios y la medicina tradicional se fue quedando cada vez más en el mero discurso indigenista oficial, las organizaciones se fueron desintegrando, con el consecuente abandono y deterioro de las clínicas (según lo he podido constatar personalmente). En la península de Yucatán, paralelamente a este proceso de pérdida de uno de los más ricos saberes del patrimonio biocultural de México.

Cuando el heredero es un pariente, será el hijo o más comúnmente el nieto del curandero, pero necesariamente tendrá que ser el más pequeño de los hermanos, el t’uup (en el caso de las parteras, una mujer), ya que, en la concepción maya del universo, lo más pequeño es lo más poderoso: el dedo meñique de la mano, la tía más joven, el alux más pequeño…, porque lo más pequeño se ubica en el centro, el quinto punto cardinal señalado por el cruce de las líneas que unen los cuatro puntos cardinales

. Como se puede ver, todas estas condicionantes constituyen “requisitos” que el aspirante (más bien dicho, el destinado) debe cumplir para poder convertirse en chamán o sanador, muy distintos a los que pide cualquier institución de enseñanza de cualquier nivel. Cabe señalar aquí que, a diferencia de los sistemas de educación formal, en la formación médica tradicional (que por lo general involucra una especialización en alguna de las prácticas terapéuticas mayas, también determinada por el destino), la relación maestro-aprendiz, además de ser profunda, se caracteriza porque ambos comparten la responsabilidad del uso del conocimiento. Si bien es cierto que los médicos tradicionales mayas, en especial los hierbateros, acostumbran guardar celosamente sus conocimientos y no los quieran compartir, también es cierto que en muchas ocasiones las personas pueden no estar preparadas para recibir y sobre todo usar estos saberes para aplicarlos como remedios para atender un problema de salud.

En el contexto arriba descrito, las iniciativas por establecer centros de enseñanza de la medicina tradicional como medida para conservar este gran acervo de conocimientos, resulta entonces no sólo cuestionable, sino que más que proteger podría incluso colocar en condición de vulnerabilidad al conocimiento médico tradicional. Porque, ¿cómo va a ser el proceso de selección de aspirantes a curanderos? ¿Quién o quiénes los van a examinar? ¿Sólo ingresarían aquellos que tengan el “don” para curar, o los que acrediten sus conocimientos en un examen? ¿Los instructores estarían dedicados de tiempo completo a la enseñanza de la medicina tradicional? ¿Quién o quiénes se harían responsables del buen uso de los conocimientos médicos? ¿El maestro? ¿La institución educativa? Éstas y otras interrogantes tendrían que ser resueltas previo al establecimiento de un centro de enseñanza de este tipo. En la península de Yucatán el programa antes mencionado para el establecimiento de clínicas de médicos tradicionales las hizo funcionar en cierta medida como centros de enseñanza. Sin embargo, como ya mencionamos, y hemos constatado personalmente, prácticamente todas las clínicas han caído en el abandono, pues al parecer la última que se encontraba operando, en la región de los Chenes, Campeche, cerró sus puertas en fecha reciente. A decir por los propios médicos tradicionales, integrantes del grupo que operaba la clínica, dos razones fueron las que determinaron el cierre: por un lado, a los socios no les resultaba costear su traslado desde sus poblados de origen hasta el pueblo de Hopelchén (donde se ubica la clínica), para después sacar con sus consultas apenas lo suficiente para regresar a sus casas, en ocasiones ni para esto. Una segunda razón es que la mayoría de los médicos tradicionales eran mayores de edad y no tenían aprendiz, pues a los jóvenes ya no les interesaba dedicarse al oficio de curandero y preferían irse a las ciudades a trabajar para hacer buen dinero.

En el estado de Quintana Roo hace quince años se inició un proyecto para una escuela de h’menes financiado por el Programa de Pequeños Subsidios del PNUD (Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo). Después de varios tropiezos en sus inicios, el proyecto sigue andando, pero sus resultados quedan puestos en duda, pues si partimos de los cuestionamientos arriba esbozados, aún no se ha evaluado su impacto social y cultural entre las comunidades involucradas en el proyecto. Recientemente, el Centro de Investigación Científica de Yucatán (CICY) ha echado a andar un proyecto para el establecimiento de jardines de plantas medicinales, en estrecha colaboración con hierbateros de las poblaciones de Yaxcabá, Acanceh, Tibolón y Cantamayec y el Consejo Regional de Médicos Indígenas “Nachi Cocom”. El proyecto contempla la conformación de una Red de jardines medicinales del Mayab para promover la conservación y el uso de las plantas medicinales del estado de Yucatán, con el respaldo científico del CICY, y recientemente se ha ampliado para establecer en la localidad de Tabi una reserva de plantas medicinales, así como una escuela de medicina tradicional maya, contando para ello con el apoyo del gobierno del estado de Yucatán.

Fuente: scielo

 

 

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