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DE LA NATURALEZA A LA TRADICIÓN: EL ARTE DE LA JÍCARA YUCATECA.
En Yucatán, cada jícara cuenta una historia.
Antes de llegar a los altares del Hanal Pixán, pasa por un proceso que une paciencia, naturaleza y tradición.
Primero, se corta verde y brillante, recién salida del árbol.
Se parte en dos, se limpia y hierve con cal para quitarle la pulpa.
Después, el sol hace su trabajo: la seca lentamente, tiñéndola de ese tono café dorado que todos reconocemos.
Así, lo que alguna vez fue fruto, se convierte en recipiente sagrado — símbolo de ofrenda, de raíces y de identidad yucateca.
La jícara no solo guarda comida o bebida… guarda memoria.
Fuente: impacto